El “Judío” como un concepto revolucionario (Aaron van Praag)

Para el antisemita es fundamental la concepción de que Dios ha abandonado a los judíos, y que por lo tanto los judíos ya no ocupan un lugar en la sociedad, o, en el razonamiento de modernos revolucionarios antisemitas, la consideración de ser humano y la categoría de las nación. Esta concepción es incipiente. Se expresa con palabras diferentes, y con diferentes puntos de referencia ideológica, por los diferentes agentes políticos. Pero siempre se expresa, y siempre lo mismo: el judío “no forma parte”. Esa es la esencia absoluta del problema de Oriente Medio. Los árabes, especialmente los nacionalistas árabes, insisten en que el judío “no forma parte”. Y las organizaciones revolucionarias del mundo se apresuran a hacerse eco de esa llamada, en su equivocado apoyo a las causas árabes.

La causa árabe no es en absoluto revolucionaria, ni progresista. Sin embargo, a los marxistas-leninistas les conviene decir que sí lo es. Y la masa, impregnada como está con las tradicionales categorías de odio del mundo occidental, fácilmente repite como loros imágenes inherentemente antisemitas. La mayoría de los liberales occidentales no tienen esto en cuenta, y se limitan a articular lealtades. El antisemitismo es tan fundamental para el medio cultural de occidente que rara vez se reconoce cuando se encuentra en otros lugares. Es el común denominador, la característica que construye un sentido de comunidad entre los intelectuales antiimperialistas en Europa y los falsos anticolonialistas del tercer mundo. El judío, en su visión, representa todos los defectos de la sociedad que deben ser solucionados. Si el judío de estas fantasías revolucionarias no existe, entonces debe ser inventado.

Fundamentalmente todos los fanatismos son de carácter económico. Pero no es la superioridad económica del otro lo que es identificado. Más bien, es la competencia de el otro con el “nosotros” en cualquier nivel, no importa lo insignificante que sea, lo que provoca resentimiento. Y en el mundo feudal árabe, donde la mayoría de la gente no puede enfrentarse al poder de los jeques locales, ni rechazar la influencia que su propia familia y tribu tienen sobre su manera de pensar, el judío es el adversario común conveniente. Mejor incluso de lo que fue el turco, pues los turco podía alegar una común identidad religiosa, y además representó un sistema imperial de gran alcance, mientras que el judío es una minoría atacable.

El mundo árabe necesita víctimas. El judío como una imagen de la cultura popular cumple ese papel admirablemente – no importa que al igual que los trolls y duendes, ese judío imaginario no existe. El mundo árabe insiste en que debería, y la izquierda occidental se apresura en apoyar esta demanda.

Texto original en http://aaronvanpraag.livejournal.com/1263.html

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