Izquierda y antisemitismo (Jan Schurmann)

La izquierda parece tener que estar libre de sospechas si se habla de reproducir actuaciones antisemitas, al igual que siempre creyó estar libre de sospechas si se la relacionaba con otras estructuras represivas. Sin embargo ya con el tema del racismo y del sexismo resultó ser necesario asumir que la propia izquierda no está libre de estas estructuras represivas sólo por el hecho de luchar por una sociedad de iguales y sin clases.

Antisemitismo como hilo rojo histórico

El antisemitismo dentro de la izquierda no empezó con las campañas antisemitas de Stalin ni con aquellos discursos anticapitalistas que dividieron el capitalismo en dos esferas: la esfera positiva de la producción y la supuesta negativa de la circulación. El universalismo de la izquierda históricamente encuadró el problema del antisemitismo en una solución más global, entendiendo el antisemitismo sólo como un reflejo de los problemas sociales. El antisemitismo después de Auschwitz cambió su forma de presentación y se transformó en una constante crítica al Estado judío, a Israel, que representa como nación al judío ‘abstracto’ entre los Estados. Así como antes los judíos se habían convertido en los culpables de los problemas sociales para el antisemita, es ahora el Estado de Israel una metáfora del Mal para el antisionista. Irónicamente, hasta el año 1967 incluso se podía hablar de un consenso prosionista dentro de la izquierda. Sin embargo, la guerra de 1967, el auge de la nueva izquierda y su antiimperialismo enfocado hacia las luchas de descolonización causaron el giro político. El discurso ‘progre’ pasaba a ser antisionista, contrastando con la postura que tomaba la derecha defendiendo a Israel y su vinculación con Occidente en el contexto de la Guerra Fría.

Así pasó a ser parte integral de la ideología de la nueva izquierda el antisionismo, el cual estaba estrechamente vinculado al conflicto en Oriente Medio. Este conflicto conlleva cierto elemento trágico, ya que la propia historia del sionismo podría haber estado predestinada a ser objeto de una solidaridad izquierdista que sin embargo no llegó a ser. Israel y la historia sionista se pueden entender como el intento de auto emancipación judía después de la negación de plenos derechos civiles para los judíos dentro del surgimiento de los Estados Nación y como una compensación malograda por parte de la comunidad internacional ante el Holocausto. El sionismo es la respuesta al antisemitismo occidental. Pero ante esto, la nueva izquierda no sólo rechazó el particularismo del sionismo al encajarlo en su esquema universalista revolucionario, sino que también se vinculó a la ideología antiimperialista, dentro de la cual el sionismo se convirtió en un sinónimo para el racismo y el colonialismo, mientras el movimiento nacional de los palestinos fue entendido como el sujeto anticolonial.

La crítica al sionismo y a Israel no acaba en Israel. Se aplica por todo el mundo donde haya judíos e implica por ello antisemitismo. Cualquier comunidad judía fue tomada como delegación de Israel, fueran israelíes o no, reproduciendo así una vez más la exclusión nacional que los judíos sufren en la sociedad burguesa. Otra característica más del antisionismo de la nueva izquierda fue el comparar constantemente la política de Israel con los crímenes nazis. Para deslegitimar a Israel, la nueva izquierda se encargó de llevar a cabo este tipo de revisionismo histórico, contribuyendo así sustancialmente a que los crímenes nazis se convirtieran en un código cultural aplicable hoy en día a cualquier mal.

‘Pueblo’ versus ‘clase’

Pero el retroceso de esta izquierda no sólo fue un antisemitismo en potencia, sino que además la teoría principal en la que se basaba, el antiimperialismo, representó una losa para el desarrollo emancipatorio. Mientras que Marx tras el fracaso de la revolución de 1848 había ya reemplazado la categoría ‘pueblo’ por la de proletariado, este término (‘pueblo’), volvió a ser herramienta en el instrumental de la nueva izquierda en el tiempo de auge de los movimientos de liberación nacional y la descolonización. La concepción de ‘pueblo’ simulaba una homogeneidad de intereses en el colectivo nacional. Esta concepción antiimperialista ‘vulgar’, y con ella la de los sujetos de liberación, acabó fijándose más en naciones y en pueblos dentro de las luchas anticoloniales que en el uso del instrumentario materialista de clase y una crítica al Estado Nación. En vez de hablar de explotación y relaciones de capital, este antiimperialismo ‘vulgar’ se fijó en la dominación de Estados sobre pueblos oprimidos. Bajo los conceptos de pueblo y nación -y con ellos la intrínseca ignorancia de las contradicciones internas que estos conceptos necesariamente implican- la visión emancipatoria del antiimperialismo cada vez se alejó más del ideal de una sociedad libre y sin clases.

No es de extrañar que un replanteamiento por parte de la izquierda de esta concepción política, con los ramalazos antisemitas que conlleva, comenzara a darse junto con la crisis que el planteamiento antiimperialista sufrió tras las transformaciones paradigmáticas que se dieron con la desintegración de los regímenes del Este y con el fin de la Guerra Fría. Gran parte del macrocontexto de la nueva izquierda y de sus planteamientos teóricos desapareció en los años posteriores a 1989.

De lo dicho salen tres problemas fundamentales que esta orientación ideológica ha provocado en la elaboración de una política emancipatoria por parte de la izquierda.

  • Primero: se ha ignorado a las víctimas judías del fascismo, y se ha ignorado el peso que el antisemitismo tiene como tendencia reaccionaria existente en las sociedades occidentales.
  • Segundo: la teoría que guiaba este antisionismo era un antiimperialismo ‘vulgar’ que en su parte emancipatoria ha caído atrás de la elaboración de Marx y su análisis social.
  • Tercero: una parte importante de la izquierda actual todavía sigue esta ideología, cayendo así cada vez más en tendencias reaccionarias (como demuestran las alianzas pragmáticas con fuerzas como Hamás o Hezbolá).

Por lo tanto, un replanteamiento de las actitudes antisemitas y antisionistas dentro de la izquierda es necesario para incluir la noción del antisemitismo en la crítica a la sociedad burguesa y a sus conceptos de exclusión. También es necesario para poder conseguir acabar con cualquier colaboración y complicidad por parte de la izquierda con la marginación y la exclusión social y a la vez es parte integral de todo un replanteamiento teórico-político de cómo crear una política emancipatoria en esta nueva época histórica.

Texto publicado en Diagonal

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