Martín Buber predijo los cambios ideológicos y la evolución: El movimiento kibutziano cumple cien años

Buber, “el anciano anarquista” como lo llamaban, fue durante esos años  antes de su deceso, uno de los factores, de los puntos de apoyo que  despertaron, levantaron el ánimo y trataron de revivir el fervor de los  fundadores del movimiento kibutziano.

El 28/10/1910 un grupo de trabajadores formó un poblado en sociedad en Um Geoni, lo que es Degania, de acuerdo con los conceptos que luego fueron evolucionando y se llamaron kibutzim, grupos en conjunto, comunidades igualitarias en su dirección y condición, especialmente en educación común. Uno de los pensamientos originales del grupo fundador fue: “No se debe liberar al individuo de la preocupación por su existencia para no crear dependencia” según uno de sus ideólogos y fundadores, David Busel (que nueve años después se ahogó y con él sus principios).

Según Martín Buber, Busel no fracasó. La frase citada es para él un sinónimo de éxito y se debe a las necesidades sociales económicas, cuyo principio es esfuerzo, trabajo en común, que implica felicidad. “Sólo así se triunfa”, afirma Buber.

Martín Buber (1878-1965), prestigioso escritor y dirigente sionista, nació en Viena y luego se radicó en Alemania. En 1898 se incorporó a la Organización Sionista. Educó a toda una generación de sionistas alemanes. Fue profesor de Ética, Filosofía y Religión Judía y uno de los importantes dirigentes judíos alemanes, desde el ascenso de Hitler al poder.

Hizo aliá en 1938 y se contó entre los pioneros de la fundación de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Es notable señalar que muchos olim que fueron a los kibu-tzim, que eran entonces el emblema, el símbolo de la colonización, del sionismo activo idealista, llegaron influenciados por los escritos y las ideas de Buber.

En los años ’40 del siglo XX, en su libro “Senderos de Utopía” expresa Buber su opinión sobre el kibutz diciendo: “ Al contrario de otras comunas en el mundo, el kibutz no fracasó. Por eso podemos definirlo como no fracaso”, y reitera: “Se puede fracasar pero también se puede tener éxito”.

En un encuentro con compañeros del kibutz Afikim, en 1963, consagra la expresión “No fracaso ejemplar” como una fórmula buberiana.
Buber tuvo en su vida muchos puntos de contacto, encuentros, polémicas con el movimiento kibutziano, en un diálogo constante.

Como ya dijimos, influenció profundamente en la aliá jalutziana de Alemania y su labor educativa fue notable en el Hashomer Hatzair.

El semanario kibutziano Hadaf Haiarok (La página verde), en su ejemplar del 7 de febrero de 2008, dedica a Buber, al cumplirse 130 años de su nacimiento, interesantes notas recordatorias, señalando y rememorando importantes declaraciones suyas sobre el kibutz, sus cambios y evoluciones en el tiempo y las nuevas generaciones que constituyen una genial premonición y evaluación, que se acerca y predica lo que yo llamo modestamente “el nuevo kibutz”, o el “kibutz diferente” (hakibutz haajer).

Desde luego, Buber lo señala gradualmente, con su fundamental concepto de yo y tú; tú y ellos.
En su encuentro con los miembros del kibutz Afikim, en 1963, encontramos expresiones de Buber sobre los cambios y la evolución del kibutz: “Cuando llegué en 1938, lo sobresaliente, lo dominante en el movimiento kibutziano era la ideología, el partido político, no como ahora”. Esto lo afirmó ya en el año 1963.

Luego vino el segundo eslabón, otra generación, donde lo importante fue lo que ellos llamaban “vivir la vida”; pensaban más en sí mismos, en hacer carrera, aunque pertenecían a partidos políticos, la ideología estaba en segundo plano del yo.
En los últimos años sentí decir que llega una nueva generación, más desorientada, menos precisa; no sabe exactamente qué es lo que quiere, y si yo se lo hiciera notar, no me creerían, dice Buber.
Sigue analizando:

  1. Trasciende insatisfacción, incomprensión de este mundo.
  2. Hay límites en el mundo humano. A su alrededor existe un gran mundo carente de humanidad: “Podemos definir el primer paso como comunitario y el segundo como individualista”.

La insatisfacción de la segunda generación es fácil de interpretar; sienten que hay algo negativo, pero los jóvenes no saben señalar qué es. Pero eso los desconcierta, sienten nostalgia, una nostalgia sin nombre. Es materia prima de algo que comenzará a crecer. Todavía no es un movimiento, son sólo deseos fuertes, anhelos.

“El cambio decisivo vendrá solamente dentro de dos o tres generaciones. Y en mi corazón me siento contemporáneo con mis nietos y mis bisnietos”. Así terminó Buber su diálogo con los kibutznikim de 1963, con un diagnóstico claro de la situación y un pronóstico y expresión de deseos.

Los años ’60 hasta la Guerra de los Seis Días fueron un tanto de inercia en el movimiento kibutziano. Los primeros jalutzim levantaron una colonización ideológica, que luego la colonización estatal paralizó un tanto. La segunda colonización ya no tuvo el empuje de los fundadores; así cuentan las crónicas, la historia kibutziana. Esto trajo como consecuencia presiones sociales e intelectuales que influyeron en la continuidad histórica, quejas y críticas internas.

Buber, “el anciano anarquista” como lo llamaban, fue durante esos años antes de su deceso, uno de los factores, de los puntos de apoyo que despertaron, levantaron el ánimo y trataron de revivir el fervor de los fundadores.
Escriben los relatores de la época: “Los encuentros con Buber traían a través de sus interpretaciones la fuerza y las ideas de A. D. Gordon y de Iosef Brener junto a Berl Katzenelson. Fueron como el renacimiento judío espiritual a la luz y a través de la filosofía y el diálogo buberiano”.

Sus observaciones y escritos fueron como un globo de oxígeno para insuflar nuevas fuerzas y espíritu de acción. Así leí en el periódico “La página verde” (“Hadaf Haiarok”).
Y finalmente, como resumen de la opinión de Buber sobre las nuevas generaciones, no podemos dejar de señalar qué opinaba sobre la relación educación, educador y educando.

El mejor y verdadero educador tiene gran influencia, aún sin palabras, con sus actitudes, sus reacciones, su manera de ver la vida, las condiciones del presente. Lo importante es si el joven está dispuesto a dialogar. Si el educador despierta en el educando la confianza, la fe en lo que está escuchando, ese es el factor trascendental, más decisivo, aún más que la idea que expresa.
Lo más importante entre maestro y alumno, es la fe y la confianza mutua.

El mensaje de Martín Buber en 1963 sigue vigente en 2010. Cuando el nuevo kibutz, “hakibutz haajer”, trata de seguir siendo kibutz.

Rajel Hendler
Fuente: Aurora Israel

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