Entre el Corán y Der Stürmer: Antisemitismo en el mundo árabe (Egon Friedler)

Si en algún momento pudo pensarse que el odio antijudío era un factor marginal o un arma táctica utilizada sólo ocasionalmente en el marco del conflicto árabe-israelí, el libro del profesor Robert Wistrich, Muslim Antisemitism – A clear and present danger, recientemente editado demuestra que por su virulencia y difusión masiva se parece cada vez más a la masiva propaganda antisemita del régimen hitlerista en Alemania.

El American Jewish Committee de Nueva York acaba de editar un excelente trabajo del profesor Robert Wistrich, de la Universidad Hebrea de Jerusalem acerca del antisemitismo islámico, bajo el elocuente título en inglés: Muslim Antisemitism – A clear and present danger. A pesar de su dimensión reducida, poco más de 50 páginas, el estudio del profesor Wistrich logra brindarnos un resumen coherente, claro y abarcativo del tema. Si en algún momento pudo pensarse que el odio antijudío era un factor marginal o un arma táctica utilizada sólo ocasionalmente en el marco del conflicto árabe-israelí, el trabajo del profesor Wistrich demuestra que por su virulencia y difusión masiva se parece cada vez más a la masiva propaganda antisemita del régimen hitlerista en Alemania.

Wistrich escribe: “Los judíos son retratados en caricaturas árabes como demonios y como asesinos, personas despreciables que deben ser temidas y evitadas. Siempre son vistos como el origen de todo mal y toda corrupción, protagonistas de una temible conspiración para infiltrarse y destruir a la sociedad musulmana para apoderarse del mundo. La distorsión visual más corriente del judío es caracterizarlo como un hombre oscuro, barbado y jorobado, el tipo de estereotipo odioso del panfletario órgano de propaganda nazi Der Stürmer”.

Wistrich desmiente el reiterado y falaz argumento árabe de que como los árabes son ellos mismos semitas no pueden ser antisemitas. Sostiene que como el concepto de semita implica una definición lingüística y no nacional o racial, sólo tiene un significado preciso en relación a la familia semítica de lenguajes, que incluye el hebreo, el árabe y el arameo. En segundo lugar, recuerda que el término “antisemitismo” acuñado en Alemania por Wilhelm Marr en 1879, nunca estuvo referido a los árabes.

Con admirable poder de síntesis, Wistrich pasa revista a las relaciones entre judíos y musulmanes desde el siglo séptimo de la Era Cristiana hasta nuestros días. Si bien admite que hubo períodos de relativa tolerancia en los cuales los judíos pudieron avanzar en el campo intelectual, disfrutar de prosperidad económica y ocasionalmente alcanzar cierta influencia política en el seno de regímenes islámicos, con mayor frecuencia de lo que generalmente se reconoce, su existencia en países que van desde Marruecos a Irán se caracterizó por la miseria, la humillación y la violencia popular.

Wistrich precisa el alcance del status legal de los judíos como “dhimmis” (ciudadanos protegidos) y recuerda que estaban sujetos a un muy regimentado sistema de discriminaciones.

“Los dhimmis eran considerados impuros a menudo y debían ser segregados. El ingreso a ciertas ciudades sagradas musulmanas, mezquitas, baños públicos, así como ciertas calles les estaban prohibidos. Sus turbantes, cuando se les permitía usarlos, sus vestimentas, cintos, zapatos, la apariencia de sus esposas y sus sirvientes debían ser diferentes a las de los musulmanes para que pudieran distinguirse de manera humillante, porque a los dhimmis nunca se les debía permitir olvidarse de que eran seres inferiores.”

¿También matamos a Mahoma?

El profesor jerosolimitano estudia prolijamente tanto las referencias positivas como las negativas a los judíos en el Corán y sus conclusiones son inequívocas: las segundas tienen un peso considerablemente mayor a las primeras. Wistrich escribe: “El estereotipo antijudío principal del Corán es la acusación de que los judíos han rechazado con gran tozudez la verdad de Alá. Para el texto islámico sagrado, siempre han perseguido a los profetas, incluyendo a Mahoma, quien se vio obligado a expulsar a dos grandes clanes judíos de Medina y a exterminar a una tercera tribu, los Quraiza. La tradición oral (Hadith) va más lejos y sostiene que los judíos, debido a su naturaleza pérfida, provocaron deliberadamente la muerte de Mahoma utilizando veneno. Más aún, fueron las acciones malevolentes y conspirativas de los judíos las que llevaron a las luchas sectarias en los primeros tiempos del Islam, así como a las herejías que socavaron la unidad de la “umma” (nación musulmana). Este es un tema que ha sido retomado por los modernos fundamentalistas que buscan inspiración en su lucha contra los judíos de hoy en las luchas del profeta en la Arabia del siglo séptimo. El arraigado estereotipo de la “amenaza judía” que existió al comienzo del Islam ha asumido formas cada vez más estridentes y militantes desde 1948, y ha adquirido un rol cada vez mayor en la lucha contra Israel y el judaísmo mundial hoy.”

Muy previsiblemente el profesor Wistrich cita un nombre familiar para todos los lectores que hayan incursionado de alguna manera en la historia del fundamentalismo islámico: Sayyid Qutb, el ideólogo islamista egipcio de la década del ’50. Entre otros conceptos de este filósofo reaccionario destaca que para Qutb “los judíos y los sionistas llevaron a un punto neurálgico la crisis de la civilización del Islam, que se ha agudizado debido a los temores islámicos y su debilidad ante la modernidad secular, la permisividad sexual y el poder invasivo de la cultura de masas norteamericana”. A juicio de Qutb, los judíos inventaron las modernas doctrinas del “materialismo ateo” (comunismo, sicoanálisis y sociología) con el propósito de destruir las creencias islámicas: ellos están detrás de “la destrucción de la familia y las relaciones sagradas en la sociedad.” Para Qutb, así como para otros voceros fundamentalistas, los judíos son “el eterno enemigo” del Islam, que desde sus orígenes hasta el presente ha tratado de destruir la fe islámica.

Wistrich dedica un denso y contundente capítulo a las teorías conspirativas, haciendo particular hincapié en el uso generalizado de los Protocolos de los Sabios de Sion en el mundo árabe. El hecho de que la falsedad de esta vieja fabricación de la policía zarista haya sido demostrada una y otra vez no ha impedido que se haya convertido en un documento de referencia obligada en el mundo árabe. Por ejemplo, es significativa esta cita del capítulo 32 de la Carta Fundamental de Hamás de 1988: “Las intrigas sionistas son interminables y luego de Palestina, ellos buscarán expandirse del Nilo al Eúfrates. Sólo cuando hayan digerido la zona, buscarán continuar su expansión, etc. Sus planes han sido revelados en los Protocolos de los sabios de Sion y su actual conducta es la mejor prueba de lo que allí se afirma”.

Hizballah no va a la zaga de Hamás. En un reportaje de 1988, el sheik Hussein Fadlalah, líder de la organización terrorista patrocinada por Irán, dijo: “Los judíos desean ser una superpotencia mundial. El círculo racista de judíos desea vengarse del mundo entero por su historia de persecuciones y humillaciones. De este modo, los judíos actúan en base a la preeminencia de sus propios intereses sobre los del mundo entero.”

Pero las organizaciones terroristas y sus líderes no son los únicos obsesos por viejas y gastadas patrañas antisemitas. El eterno Ministro de Defensa de Siria, Mustafa Tlas (¡en el cargo desde 1972!) es un delirante convencido de la veracidad de la acusación medieval de que los judíos beben la sangre de niños no judíos en la Pascua. En su libro “clásico” La matzá de Sion: “El judío puede matarte y tomar tu sangre para hacer su pan sionista. Aquí se abre ante nosotros una página aún más repugnante: las creencias religiosas de los judíos y las perversiones que contienen, se derivan de un oscuro odio hacia la humanidad y todas las religiones.”

Intenciones explícitamente genocidas

En su capítulo sobre el fascismo islámico, el profesor Wistrich, ofrece un documentado panorama de las manifestaciones de odio a Estados Unidos e Israel, así como de jubilosas celebraciones de la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de setiembre de 2001 en el mundo árabe. Desde la óptica del autor, “la estructura mística de pensamiento es en muchos aspectos virtualmente idéntica al antisemitismo nazi, a pesar de haber pasado un proceso de ‘islamización’ y a que cita versículos del Corán para justificar monstruosos actos terroristas. El Islam fundamentalista tiene la misma aspiración totalitaria y seudomesiánica a obtener la hegemonía mundial que el nazismo alemán o el comunismo soviético. Asimismo articula una retórica a veces explícita en sus intenciones genocidas refiriéndose a la civilización ‘judeo-cruzada’ lo que evoca alarmantes ecos del pasado. En grupos islámicos militantes como Al Quaeda, los Talibán, Hamás, Hizballah y muchos otros, el antisionismo antisemita constituye una parte orgánica de su visión nihilista-totalitaria del mundo.”

Si la parte conceptual del estudio de Wistrich, basada en una sólida documentación es alarmante, las caricaturas antisemitas de la prensa árabe que lo ilustran parecen evocar el fantasma de Julius Streicher, el obceno y psicótico editor de Der Stürmer, que fue el principal propagandista antisemita de Hitler.

No menos delirantes son las mentiras que los órganos árabes difunden a diestra y siniestra sobre Israel y los judíos. Por ejemplo, el semanario de la asociación de escritores de Siria acusó a los sionistas de “enviar hermosas prostitutas judías infestadas de SIDA a Egipto para contaminar a jóvenes árabes”, y el Ministro de Abastecimientos de la Autoridad Palestina, Abedel Hamid al-Quds acusó a Israel de distribuir comida que contiene material cancerígeno y hormonas que dañan la virilidad masculina, así como comida contaminada, para envenenar a la población palestina.

El profesor Wistrich estudia en detalle la negación del Holocausto o su minimización en el mundo árabe y presenta algunos ejemplos de demonología anti-judía corrientes en los incendiarios discursos de los predicadores en las mezquitas. Con todo acierto cita un artículo de la prestigiosa periodista judía italiana Fiamma Nirenstein publicado en Commentary: “Israel ha sido transformado en poco más que una abstracción diabólica, no un país sino una fuerza maligna que encarna todo atributo negativo posible: agresor, usurpador, pecador, ocupante, corruptor, infiel, asesino, bárbaro Esta burda y caricaturesca visión de Israel y los judíos ha sido perfectamente captada en el último éxito musical en el Cairo, Damasco y Jerusalem Este . Su título: ‘Yo odio a Israel'”.

En el último capítulo del folleto, Wistrich analiza el rechazo a la presencia de Israel en el Medio Oriente ya que Israel y los judíos “son percibidos no sólo como una amenaza militar, política y económica para los árabes y el Islam. También son un símbolo de todas las fobias provocadas por el secularismo y los ‘venenos’ de la cultura occidental: pornografía, SIDA, prostitución, música rock, Hollywood, consumo de masas, crimen, drogas y alcoholismo.”

Wistrich termina su trabajo con una cita de su propio libro El antisemitismo: el odio más antiguo (1991): “Los mitos populares sobre la traición occidental a Palestina y sobre una siniestra conspiración judía para socavar el arabismo y el Islam probablemente continuarán floreciendo… Porque la médula del problema del Medio Oriente está para la mayoría de los árabes en su rechazo emocional a aceptar a Israel y el derecho de los judíos a ejercer cualquier clase de soberanía en una región musulmana. La independencia nacional y la igualdad de los judíos no es tolerable ni para el nacionalismo árabe ni para el Islam. También para los palestinos que han vitoreado a un cruel y brutal opresor como Saddam Hussein como su liberador, los conceptos de ‘paz’ y ‘justicia’ no son sino el reclamo de la completa arabización del estado judío.”

Este antisemitismo de proporciones grotescas debe ser denunciado de manera sistemática ante la opinión pública mundial, por lo menos con la misma energía y persistencia con que fuera denunciado oportunamente el antisemitismo soviético y la discriminación anti-judía en la ex-URSS. Por su potencial destructivo es peligroso no sólo para el Medio Oriente sino para el mundo entero. No debe olvidarse que el Islam militante y fundamentalista odia en primer lugar al judío, pero luego odia también a todo infiel. Si de algo sirve la experiencia histórica cabe recordar que la prioridad absoluta de Hitler fue el aniquilamiento del pueblo judío pero de paso llevó a la muerte a otros 50 millones de personas no judías. El antisemitismo musulmán se parece cada vez más al nazi por su extensión y virulencia, por lo tanto no sólo es un problema de Israel o los judíos. Es un problema de toda la humanidad, incluyendo naturalmente a los musulmanes moderados para quienes el Islam es una fe de amor y no de odio.

Egon Friedler

Texto publicado en: http://www.masuah.org/entre_el_coran.htm

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Antisemitismo/Neoantisemitismo, Fascismo/Nazismo/Antifa y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.