La historia de Hershl Grynszpan y la “Kristallnajt” (Charles Papiernik)

Dramático y valioso testimonio sobre Hershl Grynszpan escrito por Charles Papiernik, superviviente de Auschwitz. El 6 de Noviembre de 1938 Hershl Gryszpan, un joven judío de 17 años, intentó atentar contra el embajador del regimen nazi en Paris, resultando muerto el secretario del embajador Ernest Von Rath. En su defensa Hershl Grynzpan declaró: “No fui motivado por el odio ni por la venganza, sino por el amor a mis padres y a mi pueblo, quienes soportaron terribles sufrimientos. Lamento profundamente haber herido a alguien, pero no tenía otro modo de expresarme. Ser judío no es un crimen. No somos criminales. El pueblo judío tiene derecho a vivir”.

En 1938, yo militaba en la Juventud Socialista, que formaba parte del partido S.F.L.O. y del Movimiento Socialista “Bund” de París. En su sede teníamos reuniones políticas, culturales y sociales.

Los domingos por la mañana salíamos a vender “Le Populaire”, órgano central del Partido Socialista francés, y también recaudábamos dinero para ayudar a la República Española. Por la tarde organizábamos actos culturales y reuniones bailables. Siempre contábamos con una nutrida concurrencia, y lo pasábamos muy bien.

Allí conocí a Herszl Grynszpan. Era un joven simpático e inquieto, colaboraba asiduamente en nuestras actividades culturales. Solía hablarnos sobre Alemania y su familia. Sus padres habían hecho todo lo posible para que emigrara. Allí no podía estudiar ni trabajar. Todo se había hecho muy difícil.

Al llegar a París, se había alojado en casa de su tío Abraham, quien lo trataba bien, pero eran muy diferentes y no congeniaban. En cambio con nosotros se sentía muy bien y se había hecho de muchos amigos.

A veces íbamos juntos al cine, al teatro o simplemente a caminar y entonces era cuando me relataba dolorosas experiencias de su país, donde los judíos temían por su vida, la que, por otra parte, se les había hecho insoportable.

Salvo por la preocupación que tenía por sus padres, quienes habían quedado a merced de los nazis, él vivía contento y feliz en Paris. Participaba de la venta de “Le Populaire” y en la recaudación de fondos para la República Española.

El 5 de noviembre nuestro local estaba lleno de jóvenes. Ese día íbamos a tratar sobre la situación de los 17.000 judíos forzados a permanecer en tierra de nadie, en Alemania y Polonia, sin alimentos ni reparo, en días de lluvia, y que además, habían sido despojados de su ciudadanía polaca, por Joseph Beck, el muy antisemita Ministro de Exterior de Polonia.

Herszl llegó muy nervioso y, dijo que necesitaba hablar conmigo. Le pedí que me esperara diez o quince minutos, porque justo en ese momento me estaban llamando para hablar en la reunión, y le prometí que luego conversaríamos tranquilamente todo el tiempo que él quisiese. Me contestó que no podía esperar y, llorando, me contó que en Zboszyn, donde estaban sus padres, llovía, que ellos estaban muy mal, enfermos, que no podía soportarlo, que debía hacer algo, reaccionar de algún modo.

Le insistí que me esperara algunos minutos, le dije que el público estaba esperando que yo hablara, que luego hablaríamos todo el resto de la tarde, si él así lo quería. Me pareció que se tranquilizaba y estuve casi seguro que me esperaría.

Pero cuando terminó mi intervención, Herszl ya no estaba. Lo buscamos, lo esperamos, pero ya no volvimos a verlo.
Al día siguiente, en los diarios de la tarde, su fotografía ocupaba la primera plana, junto con la noticia del atentado en grandes letras.

Hershl Grynszpan, de diecisiete años de edad, había recibido una carta de sus padres, en la que le comunicaban que ellos y su hermana se encontraban en una situación, que los conduciría inevitablemente a la muerte.

Sin poder hacer nada para sacarlos de ese infierno, Hershl quizo al menos sacudir la conciencia del mundo que, sordo y ciego, en relación a este hecho criminal, festejaba el pacto de Munich, creyendo además, Francia que se encuentraba protegida por la línea Maginot.

El 6 de noviembre de 1938, Hershl compró un arma , se dirigió a la embajada alemana, solicitó ser atendido por el Embajador y, al recibirlo el secretario Ernest Von Rath, creyendo que era aquél, le disparó cinco tiros, acertando dos, e hiriéndole de gravedad, lo que unos días más tarde, le producirá la muerte.

Los nazis aprovecharon el atentado, para adelantar una acción ya preparada de antemano, contra los judíos, y en la noche del 9 al 10 de noviembre, simultáneamente en toda Alemania, descargaron su vandálica furia sobre alrededor de siete mil quinientos comercios pertenecientes a judíos, cuyas vidrieras destrozaron, (de ahí el nombre de “Noche de los Cristales”), sobre varios cientos de sinagogas, que profanaron, sobre 200 judíos que, sorprendidos en las calles, fueron asesinados, para coronar su tarea con saqueos e incendios. Un verdadero progrom.

La “Kristallnajt” es considerada, el comienzo de la Shoá, y no tuvo su origen en el atentado de Grynszpan, sino que fue aprovechado como pretexto.

Mientras las hordas nazis compuesta por S.S., S.A., Gestapo, soldados y voluntarios civiles se dedicaban alegremente a esta tarea, miles de alemanes aplaudían entusiastamente y los demás, se abstenían de intervenir.

Durante los días siguientes, 30.000 judíos fueron internados en los campos de concentración en los que finalmente, casi todos encontraron la muerte; una semana después se promulgaría el decreto que obligaba a todo judío, a llevar cosida en su vestimenta una Estrella de David, so pena de ser castigado.

Luego de firmarse el Pacto de Munich, Alemania se preparaba para obtener, por la fuerza, su “lebensraum”, reclutaba en toda Europa, quintacolumnistas, con el objetivo de preparar el terreno y facilitar la invasión y el dominio del continente.

Aunque dentro de cada europeo anidaba el temor a la guerra, la mayoría quiso creer en las falsas promesas de Hitler, y aplaudió calurosamente a Daladier y Chamberlain. El modo de vida, mientras tanto, no pareció haber cambiado. Las arengas de Hitler, Goebbels y Goering, y los ataques y presiones a los judíos eran cada vez mas violentos.

Aquellos que pudimos comprender realmente, qué era lo que podía esperarse de todo aquello, sentíamos pánico. Poco a poco, fuimos tomando conciencia de que la guerra sería inevitable. Algunos querían que se comenzara una guerra preventiva, pero la mayoría prefería esperar. De cualquier modo, para unos y otros, el espectro de la guerra estaba ahí.

En 1939, el agravamiento de las condiciones de vida seguía el mismo ritmo que el aumento de la escandalosa intensidad de los discursos de Hitler. Comenzó a faltar el trabajo, y se abrieron muchas cocinas populares, con las que se intentaba aliviar la situación de los desocupados.

El 1º de setiembre de 1939 el ejército alemán invadió Polonia.

El 3 de setiembre de 1939, Francia e Inglaterra declararon la guerra a Alemania, comenzando así la segunda Guerra Mundial.

Las reacciones por el atentado de Hershl Grynszpan

Para los judíos franceses este atentado, fue totalmente inesperado y hasta incomprensible. La reacción fue de temor por lo que pudiera ocurrir, lo vieron como un acto de locura.

Los quintacolumnistas difundieron su interpretación del hecho, como parte de un complot y hasta el diario comunista “L’Humanité”, propuso la búsqueda de quienes hubieran complotado junto a Grynszpan, haciendo pública la dirección de nuestra sede, donde, según ellos, podrían hallarse los cómplices.

Hershl fue arrestado, y contó para su defensa, con tres prestigiosos abogados, los Doctores De Lloro Giaferi. Weil de Gonehaux y Frankel. Su declaración ante la Justicia francesa fue: “No fui motivado por el odio ni por la venganza, sino por el amor a mis padres y a mi pueblo, quienes soportaron terribles sufrimientos. Lamento profundamente haber herido a alguien, pero no tenía otro modo de expresarme. Ser judío no es un crimen. No somos criminales. El pueblo judío tiene derecho a vivir”.

Con respecto a su destino ulterior hay distintas versiones. Una, dice que en 1940, el gobierno francés, ya dirigido por el pro-nazi Petain, lo entregó a los alemanes, quienes lo ejecutaron inmediatamente. Otra, que estuvo encarcelado hasta 1942 o 1943 , para ser presentado en un gran juicio, en el que pretendían demostrar que los judíos habían sido los responsables del estallido de la guerra, y que fiablemente había muerto en la cárcel. Hay también quien cree que logró ser trasladado a la zona libre y sobrevivió, pero esa hipótesis es muy improbable.

Han transcurrido ya mas de sesenta años, desde que Herszl Grynszpan cometió el atentado, motivado por el daño que los nazis hacían a los judíos con las deportaciones masivas, como las que tuvieron que soportar sus padres, a campos de concentración, por las matanzas colectivas, las diversas vejaciones, como la prohibición de acceso a lugares públicos, o la restricción de vivir en determinadas zonas.

El quiso llamar la atención sobre las acciones de los nazis y proclamó la obligación moral del mundo civilizado de detener esas acciones y el derecho a la vida de los judíos.

Fue, de ese modo, el primer héroe, y el primer mártir de la Shoá.

No lo olvidemos..

Charles Papiernik
(Buenos Aires, 1997)

Nota extraída del libro “UNA VIDA” de Charles Papiernik (Acervo Cultural Editores, Buenos Aires, 1997)
Publicado con permiso de la familia del autor.

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