La cuestión judía (Trotsky, 1937)

Antes de tratar de responder a sus preguntas, debo advertirle que desgraciadamente no tuve ocasión de aprender la lengua judía, que por lo demás se desarrolló cuando yo ya era adulto. No tuve, pues, ni tengo posibilidad de seguir la prensa judía, lo que me impide dar una opinión precisa sobre los diferentes aspectos de un problema tan importante y tan trágico. De modo que mi respuesta no puede pretender tener ninguna autoridad. Con todo, trataré de decir lo que pienso.

Cuando yo era joven, tenía bastante tendencia a predecir que los judíos de los diferentes países se asimilarían y con ello el problema judío desaparecería casi automáticamente. Por desgracia, la evolución histórica de este último cuarto de siglo no ha confirmado esta perspectiva. El capitalismo en decadencia ha desencadenado por todas partes un nacionalismo exacerbado uno de cuyos aspectos es el antisemitismo. El problema judío ha venido a ser particularmente grave en el país capitalista más desarrollado de Europa, Alemania.

De otro lado, los judíos de diversos países han creado su propia prensa y han desarrollado la lengua yiddish como instrumento adaptado a la cultura moderna. Por lo tanto, hay que tener en cuenta el hecho de que la nación judía va a mantenerse durante toda una época. Actualmente, por lo general, las naciones no pueden existir sin un territorio común. El sionismo ha nacido precisamente de esta idea. Pero los hechos diarios demuestran que el sionismo es incapaz de resolver la cuestión judía. El conflicto entre judíos y árabes en Palestina adquiere un carácter cada vez más trágico y amenazador. No creo de ningún modo que el problema judío pueda resolverse en el marco del capitalismo en putrefacción y bajo el control del imperialismo británico.

Pero, me pregunta Vd., ¿cómo puede resolver este problema el socialismo? Cuando el socialismo sea dueño de nuestro planeta, o al menos de las partes más importantes, dispondrá de recursos inimaginables en todos los terrenos. La historia de la humanidad ha conocido la era de las grandes migraciones sobre la base de la barbarie. El socialismo abrirá la posibilidad de grandes migraciones sobre la base de las técnicas y la cultura más desarrolladas. Ni que decir tiene que no se trata de desplazamientos forzosos, es decir, de crear nuevos ghettos para determinadas nacionalidades, sino de desplazamientos libremente consentidos, o más bien reivindicados, por ciertas nacionalidades o fracciones de nacionalidades. Los judíos dispersos que quieran reunirse en una misma comunidad hallarán bajo el sol un lugar lo bastante amplio y rico. La misma Posibilidad tendrán los árabes, y todas las naciones dispersas. La topografía nacional formará parte de la economía planificada. Tal es la vasta perspectiva histórica que contemplo. Trabajar por el socialismo internacional es también trabajar por la solución del problema judío.

Me pregunta si el problema judío sigue existiendo en la URSS. Sí, existe, como existen los problemas ucraniano, georgiano y aun ruso. La burocracia omnipotente asfixia el desarrollo de la cultura nacional y de la cultura a secas. Peor aún, el país de la gran revolución proletaria está atravesando hoy un periodo de profunda reacción. Si la oleada revolucionaria avivó los más bellos sentimientos de solidaridad humana, la reacción termidoriana ha hecho resurgir todo lo bajo, oscuro y atrasado que había en ese conglomerado de 170 millones. Para reforzar su dominación, la burocracia no vacila siquiera en recurrir a las tendencias chovinistas casi sin disimulo. Por ejemplo, el último proceso de Moscú se organizó con el plan nada disimulado de presentar a los internacionalistas como judíos sin fe ni ley, capaces de venderse a la Gestapo alemana.

Desde 1925 y sobre todo desde 1926 la demagogia antisemita, bien camuflada, inexpugnable, va acompañada de procesos simbólicos contra progromistas declarados. Me pregunta Vd. si la pequeña burguesía judía de la URSS ha sido asimilada socialmente por el nuevo entorno soviético. Realmente, no puedo darle una respuesta clara sobre este punto. Las estadísticas sociales y nacionales de la URSS son extremadamente tendenciosas. No sirven para establecer la verdad sino, ante todo, para glorificar a los jefes, a los dirigentes, a los que crean la felicidad. Una parte importante de la pequeña burguesía judía fue absorbida por los formidables aparatos del Estado, de la industria, el comercio, las cooperativas, etc., sobre todo las capas superiores y medias. Este hecho ha engendrado una atmósfera de sentimientos antisemitas que los dirigentes manipulan hábilmente a fin de canalizar particularmente contra los judíos el descontento que hay contra la burocracia.

Sobre el Birobidjan (1), apenas puedo darle más que mis apreciaciones personales. No conozco esa región, y aún menos las condiciones en que se han instalado en ella los judíos. De todos modos, sólo puede ser una experiencia limitada. La URSS por sí misma es aún demasiado pobre para resolver su propio problema judío, aun con un régimen mucho más socialista que el actual. Repito, el problema judío está indisolublemente ligado a la emancipación completa de la humanidad. Todo lo demás que pueda hacerse en ese terreno no puede ser más que un paliativo, y frecuentemente un arma de doble filo, como demuestra el ejemplo de Palestina.

(1) Zona autónoma reservada en 1934 en la Unión Soviética para que la poblasen los judíos.

Leon Trotsky
Respuesta al periódico Der Weg
(Enero 1937)

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