Pensamiento judío contemporáneo: Reconstruccionismo: revalorando a Mordejai Kaplan (Leornardo Cohen)

El reconstruccionismo como corriente judía moderna no obtuvo gran cantidad de seguidores fuera de Estados Unidos. En el campo del sionismo eretzisraelí, sus postulados ni siquiera fueron discutidos.

El pasado 22 de mayo se presentó una nueva edición del libro Valores judíos y su renovación de Mordejai Kaplan, en la Kehilá Mevakshei Derej de Jerusalem. Se trata de una vieja traducción al hebreo del original en inglés: The Meaning of God in Modern Jewish Religion (El significado de Dios en la Religión Judía Moderna), con un reciente prólogo del profesor Eliezer Schweid.

Podría decirse que el profesor Mordejai Kaplan fue uno de los pensadores judíos más importantes del siglo XX. Sus escritos han alcanzado una influencia decisiva sobre varias generaciones de judíos, sobre todo en Estados Unidos, donde vivió y enseñó la mayor parte de su vida. También visitó Israel en varias ocasiones e incluso inmigró al país en la última época de su vida. Pronunció conferencias en la Universidad Hebrea de Jerusalem, sostuvo encuentros con personalidades intelectuales de Israel y sus escritos fueron traducidos al hebreo. No obstante, sus ideas no sólo no gozaron de popularidad sino que, muy por el contrario, fueron pasadas por alto por los pensadores judíos sionistas que participaron en la construcción y fundación del estado judío.

Kaplan ha sido el máximo expositor de lo que se conoce como la teología del Reconstruccionismo. Se trata de un audaz intento por superar la crisis espiritual que se derivó del encuentro entre el judaísmo tradicional y la cultura occidental moderna. El Reconstruccionismo se ha abocado, en los Estados Unidos sobre todo, a interpretar los orígenes y razones de este conflicto y a procurar la manera de enfrentarlo y resolverlo. Kaplan consideraba que para solucionar esta crisis no bastaba con la renovación del marco político-nacional del pueblo judío como sugerían los sionistas. El judaísmo era a sus ojos una “civilización” y para su reconstrucción en la modernidad era necesario servirse de los aportes de las ciencias sociales, políticas, la tecnología, las ciencias naturales, las artes, la moral, el derecho y la religión. Todos estos debían derivarse de la cultura judía heredada por siglos y esta gran empresa sería el Reconstruccionismo del judaísmo.

Ideas irrelevantes

Este tipo de aproximación al judaísmo tendría consecuencias prácticas. Si el judaísmo es una civilización -decía Mordejai Kaplan- la literatura y la lengua hebreas tienen más que un valor sentimental y arqueológico: son parte de su esencia, como lo son el idioma inglés y Shakespeare para la tradición anglosajona. Y si el judaísmo es una civilización necesita un hogar propio, una sociedad propia. Se puede apreciar que esta filosofía sigue los lineamientos de Ajad Haam al ver en el hogar nacional tanto una necesidad para la preservación espiritual, como una oportunidad de la autorrealización.

Por tanto, Mordejai Kaplan no renunció a la dimensión política de las aspiraciones sionistas. Cuando hablaba de “civilización” se refería también a la civilización material con todos sus componentes. Pero a diferencia de las corrientes dominantes del sionismo, pensaba que esta reconstrucción debía llevarse de forma paralela tanto en Israel como en la diáspora. Los judíos fuera de Israel podían y debían reestablecer las bases para el desarrollo de esta civilización. Esta concepción convirtió a Kaplan en el principal expositor del “sionismo americano”, un sionismo que no limitó su realización a la Tierra de Israel, sino que aspiraba a realizarse paralelamente en Israel y la diáspora.

A pesar de lo sugerente de sus propuestas, las ideas de Kaplan parecen haber caído sobre oídos sordos entre los líderes sionistas del movimiento del trabajo. No es que fueran rebatidas, sino más bien parecen no haber sido siquiera objeto de discusión en los círculos académicos, intelectuales ni en el seno del liderazgo político e ideológico del Ishuv (comunidad judía en Eretz Israel en los días del Mandato Británico). Como si estas ideas no hubiesen sido relevantes de manera alguna para la realidad judía en Israel.

Schweid explica esta situación. La agenda ideológica del sionismo israelí evitó cualquier forma de diálogo con el representante del sionismo americano que a sus ojos parecía un interlocutor imposible. Uno de los fundamentos comunes a todas las ideologías políticas de los partidos sionistas en Israel -explica Schweid- era la negación de la diáspora. La concepción de Kaplan de que había que reconstruir la cultura judía en Israel y en la diáspora del mundo libre de manera paralela, contradecía los principios fundamentales del sionismo eretzisraelí, a saber, que no había posibilidad alguna de que el pueblo judío consiguiera mantenerse como pueblo y conservar su identidad cultural única, fuera de los límites de Eretz Israel. Todos los esfuerzos y los recursos debían invertirse en Israel, y el no hacerlo, significaba una forma de desperdicio.

Más aún, el Reconstruccionismo aduce que cada judío es heredero de dos culturas, la de su país y la de sus antepasados, y ha de seguir siendo exactamente así. Su legado cultural provendrá de ambos lados y ello no querrá decir que será menos patriota o tendrá menos valor para su país; al contrario, puede actuar como levadura intelectual. Difícilmente este tipo de ideas podían tener cabida dentro de la concepción sionista de los pioneros que construían la nueva sociedad en Israel, que habían abandonado la diáspora, muchas veces haciendo grandes sacrificios personales.

La funcionalidad de la religión

Otro asunto que no resultó fácil de digerir para el sionismo jalutziano (pionero) en Israel era el del lugar que Kaplan asignaba a la religión en la “civilización judía”. Kaplan partió de la tesis del sociólogo Emile Durkheim, en la que se sugiere que el temor a Dios aparece primeramente en aquellos grupos que poseen una fuerte conciencia de grupo. Luego adaptó esta tesis a su propio programa: “Así como el judaísmo representó desde el comienzo la religión nacional del pueblo judío, esta puede ser revitalizada a través de una intensificación de la conciencia nacional judía.” Aun y cuando Kaplan le asignaba un papel funcional, la religión era uno de los pilares que mantenían en pie el edificio de la civilización judía. En Eretz Israel, en cambio, resultaba en exceso problemático convencer a los líderes del movimiento sionista del trabajo, de que la religión y la tradición poseían un lugar central en la definición de la identidad del pueblo judío. Los movimientos marxistas anti-religiosos habían influido de manera intensa en el movimiento sionista obrero en Eretz Israel. La reconstrucción de la cultura judía debía hacerse bajo el espíritu de progreso, de avance, de secularidad y de socialismo. Aun una visión como la de Kaplan, que sometía la religión a una concepción nacional-secular, haciéndola aparecer como una construcción suplementaria, fue omitida por las corrientes dominantes del sionismo socialista que construyeron el Estado.

La realidad en Israel se ha transformado en este principio del siglo XXI. Nos encontramos en un momento propicio para revalorar las tesis de Kaplan y alcanzar nuevas síntesis. Se trata no sólo de volver a plantear a la luz de sus ideas la relación del Estado de Israel hacia la diáspora judía y viceversa, sino también replantear la necesidad de reestructurar las relaciones entre las diversas comunidades judías en Israel. Una vez que el país ha ido reconociendo su carácter multicultural, y habiéndose constituido Israel como un país de inmigrantes, adquiere relevancia la tesis de Kaplan de que los judíos son herederos de dos culturas, la de su país de origen y la de sus antepasados. Una vez en Israel, deberá de plantearse no sólo cómo deberán adaptarse a la sociedad israelí, sino también cómo la sociedad israelí deberá de adaptarse a ellos. Hoy en día es más claro que antes que el fortalecimiento de la diáspora judía no vendrá en detrimento, sino en beneficio de Israel.

Leonardo Cohen
(29 Septiembre 2003)

Tomado de “Doing Zionism”

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