Purim. Entre el ayuno y la abundancia (Daniela Rusowsky)

En el artículo se describen varias tradiciones que podrían ser retomadas como una actividad diferente para Purim. También es una buena oportunidad para incentivar el desarrollo de la creatividad artística de los miembros de la comunidad. La música, danza, teatro y artes culinarias tienen especial presencia en esta fiesta, como también las habilidades manualidades y artes plásticas.

¿Tiene su comunidad talentos escondidos? ¿Se les da oportunidad a los artistas de su comunidad para expresarse y contribuir? Tal vez Purim es una excelente oportunidad para que así sea.

La mayoría de las fiestas judías –si es que no todas- tienen alguna conexión con la comida, y Purim no es la excepción. Claro que en este caso la festividad oscila entre un ayuno inicial y una gran fiesta colmada de comida, bebida y en especial dulces y bizcochos. Tal vez paradójicamente, Purim –celebrado el 14 del mes de Adar- que se inicia con un proceso de purificación y ausencia de alimento, termina con una fiesta de disfraces donde se come en abundancia y está permitido beber hasta no distinguir quién es el bueno y quién es el malo.

El ayuno se realiza en la víspera de Purim en honor al ayuno realizado por Ester en preparación a confesarle a su marido, el rey Asuero de Persia, su origen judío y abogar por la salvación de su pueblo. Algunos lo interpretan como un acto en memoria de los tres días de ayuno practicados por el pueblo judío pidiendo la clemencia de Dios para prepararse para la batalla en contra de sus enemigos, leales al malvado primer ministro, Hamán. Este ayuno o Taanit Ester comienza al amanecer y termina al anochecer, y su función es generar tras una profunda introspección, un estado de teshuvá o retorno al estado natural y de pureza con el cual nacemos.

Esta celebración colectiva libera en forma catártica la necesidad de festejar la fortuna de haber sobrevivido y el triunfo del bien sobre el mal. Hay muchas actividades festivas que acompañan a Purim, se presentan obras de teatro y marionetas que narran esta historia, juegos para niños y hasta celebraciones callejeras. Este despliegue de carnaval de color, comida y alegría resulta también un tanto sospechoso, ya que contiene muchos elementos de fiestas paganas como también cristianas. Surge entonces la pregunta sobre el verdadero origen de Purim y de sus tradiciones.

¿Realmente una fiesta judía?

La historia que se narra en Purim tiene varios elementos clásicos de las historias moralizantes de la antigüedad. No está clara la veracidad histórica de estos hechos o si se trata de una fábula cuyo propósito pudo haber sido dar un contexto judío a alguna otra fiesta local y enseñar valores fundamentales, como la lealtad, valentía y fe en Dios. Se cree que la celebración de la fiesta de Purim tiene alguna relación con otras festividades anteriores de culturas actualmente desaparecidas. Según algunos estudiosos los orígenes de Purim proviene de la adopción por los judíos de Persia, de ritos propios de esa región. A fines del invierno, tanto en Persia como en Babilonia, era tradición celebrar una festividad anual de regocijo y bienvenida a la primavera. Algunos piensan que incluso pudo tratarse del año nuevo babilónico, sin embargo esto no está comprobado.

Otra teoría apunta a relacionarla con la festividad persa de Fawardigan, aunque esta hipótesis es más débil ya que se trata de una conmemoración del día de los muertos y se aleja notablemente del sentido simbólico de Purim. Una tercera aproximación al inicio de esta fiesta, la sitúa en Grecia. Algunos estudiosos sugieren que el libro de Ester fue escrito como una fábula ejemplarizadora, en tiempos del dominio griego, como una forma de referirse indirectamente a la situación de los judíos durante el reinado Helenístico. La relación estaría entre el nombre hebreo Purah (prensa de vino) con Purim y su relación con el consumo de alcohol. Esta sería una adaptación de la fiesta griega de Pithoigia, donde se abrían las vasijas de vino. Lo curioso es que esta fiesta ocurría en Otoño y no en Primavera, lo que también debilita esta tesis.

Hay quienes piensan que la celebración de ésta y otras fiestas similares en Europa se vincula con la llegada de la Primavera, después de una largo invierno. Para los católicos creyentes, el carnaval es la última gran celebración antes de entrar al tiempo de la cuaresma en preparación para la Semana Santa. A su vez las prácticas del carnaval cristiano también provienen de otros credos anteriores, ya que los rituales de danza y máscaras son sin duda tan antiguos como el ser humano y están ilustrados incluso en el arte rupestre.

Por su parte los judíos asentados en Europa, adoptaron a partir del siglo XV la costumbre de utilizar disfraces, imitando la tradición de sus vecinos ya que el períodos de carnaval ocurre en una fecha cercana a Purim. En las comunidades judías europeas, siguiendo este espíritu de “el mundo al revés” se hizo popular que los hombres se vistieran con ropas de mujer, lo que incluso llegó a ser aprobado por los rabinos. Poco después el uso de disfraces en Holanda y Alemania dieron pie a la creación de los Purim Spiel, obras de teatro donde se “jugaba” a representar la historia de Purim.

Ayunar, compartir y disfrutar

La historia de Purim ocurrió en el siglo IV A.E.C. y desde entonces son muchas las variaciones que han ocurrido para su celebración. No se sabe a ciencia cierta cuándo se transformó en una festividad propiamente tal, pero hay evidencia que a partir del siglo II E.C. la tradición ya estaba instituida. En Purim es una mitzvá el leer dos veces la meguilá o libro de Ester que relata estos sucesos, poniendo especial atención a cada palabra para abuchear con ruido de matracas cada vez que se nombra al malvado y antisemita Hamán.

Existen otras obligaciones que vinculan la justicia social y la comida. Una de ellas es Matanot Laevionim, o el dar al más necesitado, acción que debe ser realizada incluso por los niños. En algunas comunidades esta acción se realiza mediante un aporte económico, mientras que en otras se hacen canastas de comida. Es así como se agradece a Dios y les permite a todos contar con los medios para disfrutar de esta celebración, pese a que esta mitzvá no apunta a ayudar exclusivamente a los miembros del pueblo judío, sino que abierta ayudar a todo aquel que lo necesite. Está establecido que se debe dar al menos a dos personas.

La tradición de compartir la comida es una oportunidad de agasajar a nuestros amigos. Es costumbre enviar canastas con frutas y dulces por lo menos un amigo, incentivando el espíritu festivo, la que preferiblemente debe ser entregada a través de terceros como una bella sorpresa. Las familias suelen enviar a los niños como intermediarios. Las ofrendas son una buena oportunidad de estrechar los vínculos de una familia o incluso una alternativa para resolver algún conflicto con un amigo de quien nos hemos distanciado. Es también importante que la ofrenda se realice el mismo día de Purim y que en ella haya una tarjeta con el nombre de quién envía el regalo, ya que las ofrendas de Purim no deben ser anónimas.

Purim es en efecto una festividad para dar gracias en forma individual y colectiva y por eso se recita en los rezos de la mañana, tarde y noche la plegaria que describe el milagro ocurrido y el Birkat Hamazón para dar gracias por la comida.

Recetas y simbolismos

El aspecto más conocido de la festividad de Purim es la cena festiva o Seudá donde no sólo está permitido, sino que es una obligación comer y beber vino o alguna otra bebida alcohólica. La mayor parte de los alimentos consumidos tienen una relación simbólica con la reina Ester o con Hamán. La cena es habitualmente vegetariana, rica en productos lácteos y legumbres, en memoria de la Reina Ester, quien para mantener la kashrut en el palacio no comía carne y seguía una dieta rica en estos alimentos.

En las comunidades judías de Nor-África se solía preparar pescado con azafrán como símbolo de fertilidad y alegría; el que se acompañaba co un cous-cous de granos grandes llamado berkoksh, aderezado con mantequilla, pasas y canela, servido con huevos cocidos para representar los ojos de Hamán. Los postres y el alcohol no podían faltar en tan dulce celebración, donde se preparaban licorosos bizcochos y se rociaba la ensalada de fruta con algún licor dulce.

La comida más tradicional son los Hamantaschen, en Yiddish bolsillos de Hamán, cuyo nombre proviene de la asociación con los dulces de amapola tradicionales en Alemania o Mohntaschen. En Hebreo se conocen como Oznei Hamán, cuya traducción es orejas de Hamán. Su origen y simbolismo es discutido y la explicación más conocida es que recuerdan el sombrero de tres puntas usado por este nefasto personaje. Otros hablan de la sanguinaria costumbre de la época de cortar las orejas de los inculpados antes de ser ejecutados. Sin embargo la explicación más espiritual es relacionarlos con la entereza espiritual de Ester, fundada en los tres pilares del judaísmo: Abraham, Isaac y Jacob.

Esta masa de galleta es rellenada con mermelada de frutas –generalmente higos- y semillas de amapola. Las frutas se relacionan con la providencia y gracia divina de entregarnos alimentos, mientras las semillas de amapola -al igual que en la jalá- simbolizan la prosperidad y el milagro del maná que cayó del cielo. En este caso se suma el hecho de que durante sus tres días de ayuno, Ester sólo lo rompió frugalmente cada noche alimentándose de semillas. Galletas y bizcochos de amapola también son tradicionales. En la tradición sefaradí existe una versión similar de masas dulces triangulares, preparados al horno o fritos, y luego rociados con almíbar.

En las comunidades ashkenazíes es costumbre preparar kreplach, cuya forma es también triangular como el sombrero del primer ministro del rey Asuero. Este plato también se sirve en todas las fiestas donde se agita o golpea algo, que en este caso fue el mismísimo Hamán. Alguno preparan un tipo especial de jalá trenzada con muchas cuerdas conocida como keylitsh o kulich , que representa la cuerda con la que fue ahorcado Hamán. Tal vez la más rebuscada de estas comidas tradicionales es la de comer pavo, que en Hebreo se dice Hodu, ya que los dominios de rey Asuero se extendían desde India –conocida también como Hodu- hasta Etiopía.

Otra costumbre de las comunidades de Oriente y sefaradíes, es hacer masas rellenas con elaborados diseños y decoración que aluden a los personajes de la historia de Purim o a animales, los que son servidos y admirados en una mesa festiva o mesa allegre, para luego ser disfrutados con el paladar. Los deliciosos embelecos, rellenos con almendras, nueces y mazapán, son dispuestos en una mesa a la entrada de la casa en caso de recibir visitas, y se envían también como regalo en las bandejas festivas.

Una de las explicaciones para justificar la producción de tantos dulces y pastas, es que Purim es la última festividad antes de Pesaj, y es por eso que se toma la oportunidad de consumir toda la harina acumulada en las despensas para pasar el invierno. Algunos llaman a Purim “la fiesta de las pastas” y otros se refieren a ella como “el carnaval de la comida”. Si bien los dulces tienen un rol predominante, durante la cena también se preparan empanadas rellenas de verduras y fidellos tostados con tomate.

A medida que el carácter de la festividad ha sido orientado más y más hacia los más pequeños, quienes disfrutan especialmente de los disfraces y el teatro de marionetas, el menú de Purim también ha sufrido modificaciones. En Estados Unidos se acostumbra llenar la cocina de creatividad y diversión, y hasta las tortas se disfrazan. Se preparan bizcochuelos de distintas formas con motivos infantiles o incluso de los personajes de la historia de Purim. Con la ayuda del chocolate, las cubiertas de mazapán y todo tipo de decoración de repostería, ayudan a crear un ambiente de risa y diversión.

El sentido espiritual y colectivo

Se cree que la palabra Purim viene de una antigua lengua semita llamada Akkadian. La palabra vendría de puru, un objeto usado para elegir algo al azar. Se especula que Hamán lo habría utilizado para elegir el día para perseguir a los judíos, sin saber que en realidad estaría escogiendo su sentencia de muerte. Leyenda o no, todo en Purim resulta de algún modo irreal y contradictorio. El juego de los opuestos se mantiene en una permanente tensión, el azar el protagonista permanente de la historia, donde siempre ocurre lo inesperado. Desde la elección de Ester, una mujer judía, como la esposa del rey de Persia hasta la heroica victoria del pueblo judío sobre sus adversarios. En Purim se hace ruido en la sinagoga y se atiende el servicio religioso con disfraces y es permitido pasarse de copas –aunque se advierte que no en demasía- como una forma de relajar a los participantes, a sacarse de las caretas de la vida diaria, y ponerse un disfraz para celebrar esa liberación.

Escuchar la meguilá es una mitzvá de gran importancia, ya que sólo puede ser liberada en caso de tener que enterrar a los muertos. Sin embargo hoy en día la alta concurrencia en la sinagoga se debe a la creciente importancia de la celebración –especialmente en los niños- más que al cumplimiento de un precepto. El ambiente festivo invita al relajo, a dejarnos llevar por nuestra propia esencia sin preocupaciones. Una historia de intrigas y reveses que nos invita a pensar en nuestra propia vida y en el papel que jugamos en ella. ¿Soy acaso Ester, valiente y leal a su esposo y a su pueblo? ¿Soy tal vez Hamán, buscando eliminar a aquellos que desprecio? ¿Me identifico con Mordechai y su astucia para aconsejar a Esther y liderar a su pueblo? ¿O seré como el rey Asuero, capaz de ser cruel y a su vez justo? En Purim siempre hay verdades dentro de otras verdades, y en la confusión podemos aprender a ir develando la leyenda en nuestras propias vidas.

Pero Purim tiene también un sentido más épico: el triunfo del bien sobre el mal, del débil sobre el poderoso, de la astucia sobre el engaño. El triunfo sobre Hamán no está sólo circunscrito a su figura, sino que se extiende a todos los enemigos del pueblo de Israel. Hamán es descendiente de Amalek, contra quien Moisés y el pueblo judío debieron combatir después de la salida de Egipto y antes de la entrega de las tablas de la ley. La historia de Purim invoca a una fuerza más profunda de no darse por vencido y de estar atentos a que los enemigos siempre existirán. Es una reflejo de una historia cíclica en que el pueblo de Israel combatirá a Amalek una y otra vez durante su historia. Una vez más, la naturaleza contradictoria de la festividad se hace presente, y el llamado es a olvidar a Amalek, pero a su vez a nunca olvidarlo. Enterrar su nombre de la historia, porque es en el recuerdo donde radica la vida eterna, pero nunca olvidar que existe el mal y que debemos estar atentos del peligro.

En la cultura Ashkenazí están presentes otros elementos que apuntan a la destrucción y memoria de Hamán. En el siglo IX aparece la tradición de escribir el nombre de Hamán en una piedra la que luego era apedreada y destruida por los niños de la comunidad. De ahí deriva la costumbre de utilizar matracas o gragers, las que en un principio no eran más que golpear dos piedras entre sí. También se escribía el nombre de Hamán en la suela de los zapatos mientras se pisoteaba con fuerza, hasta borrar su nombre bajo las pisadas.

La historia de Purim, mito o realidad, reúne elementos universales de la tradición oral: una bella reina y heroína, un villano, un rey poderoso, un pueblo como víctima, un valiente e inteligente protagonista, y por supuesto un feliz desenlace. Pero también advierte elementos propios de la historia judía tremendamente contemporáneos: el antisemitismo, la asimilación, el reto de convivir con otras culturas y la fe en D’s, son algunos ejemplos de las aristas de esta historia. Han pasado más de 2.400 años y poco ha cambiado, aunque los seres humanos creamos ilusoriamente que así ha sido. La invitación es a darle a Purim la oportunidad de ser algo más que un momento de fiesta, sino un espacio de crecimiento y entrega que nos hace humanos, no sólo judíos.

Daniela Rusowsky
(18 Febrero 2013)

Articulo tomado de Tumeser

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